El camino budista a la felicidad altruista

«Aunque los seres desean liberarse del sufrimiento, corren hacia él; aunque desean ser felices, debido a su ignorancia, la destruyen como si fuera su enemigo.»
Bodhicharyavatara. Shantideva.

Nuestras acciones están motivadas directa o indirectamente por un anhelo universal que compartimos incluso con los animales: nuestro deseo de felicidad, nuestra búsqueda de satisfacción y bienestar, y su otra faceta, nuestro deseo de estar libres de todo tipo de sufrimiento.

No obstante, a pesar de intentar satisfacer ese anhelo con nuestras acciones, la realidad es que a menudo conseguimos lo contrario, o bien, que cuando obtenemos algo de satisfacción y bienestar, estos son pasajeros. Intentando retenerlas, nos aferramos a esas experiencias, agotándonos en vano y generando preocupación y miedo ante su más que inevitable pérdida, destruyendo así nuestra satisfacción y logrando lo opuesto.

A pesar de ser aquello que motiva nuestras acciones, nuestras vidas, intentamos satisfacer ese deseo de felicidad a ciegas, instintiva y compulsivamente, desde la ignorancia, sin detenernos apenas un instante a cuestionarnos si éste, el objetivo más importante de nuestra vida, lo estamos buscando en las causas justas, sin cuestionarnos si aquello que hacemos da el fruto esperado —auténtica felicidad— sin reflexionar, desde la experiencia, sobre cuales son las causas de una auténtica satisfacción y bienestar.

Entendiendo qué es felicidad genuina y qué no lo es, podremos proseguir nuestra búsqueda de satisfacción y bienestar en la dirección correcta, abandonando aquello que es causa de insatisfacción y sufrimiento y adoptando lo que nos conduce a nuestra meta. Para ello, empezaremos por construir una estima sana hacia nosotros mismos que no se base en nuestros conocimientos, en lo que otros digan de nosotros, o en nuestro físico, sino en conectar con ese deseo básico de felicidad, deseando ser feliz, convenciéndonos que lo merecemos y cultivando aquello que nos permita lograr esa felicidad anhelada, que no depende de las cambiantes circunstancias.

Gracias a la observación, podremos comprender cómo en definitiva, de formas distintas y a menudo con poco acierto o dañando a los demás, todos buscamos lo mismo: satisfacer ese anhelo de felicidad, que es lo que nos une unos a otros y lo que motiva, directa o indirectamente, la mayoría de nuestras acciones. Sobre esa comprensión, podremos ampliar ese deseo a los demás, deseando alcanzar el estado de máximo desarrollo de nuestro potencial, el estado de buda, con una motivación altruista que asuma la responsabilidad de lograr un beneficio universal: la motivación del Mahayana (el vehículo universal). Una actitud altruista y abierta, imbuida de afecto, que nos alejará del egoísmo, las tendencias egocéntricas, y las actitudes destructivas que de ellos se derivan, y que nos permitirá acercarnos a nuestra naturaleza más esencial, una bondad fundamental que es fuente de verdadera satisfacción y bienestar. Para alcanzar ese estado de máximo desarrollo deberemos, además, desarrollar la sabiduría que ve la realidad más allá del velo de la ignorancia, y que entiende que nuestra visión actual de la realidad es una visión distorsionada que es causa directa o indirecta de todo el sufrimiento e insatisfacción que experimentamos.

La esencia del budismo reside en conectar con las cualidades más básicas de nuestro ser. En sánscrito mente y corazón se designan con la misma palabra, citta. Conectar, pues, con nuestra naturaleza, la naturaleza más básica de la mente, consiste en conectar con, y actuar desde el corazón.