Meditación en el afecto

Adaptado de la meditación del Retiro de lam rim a Tushita, del 4 de enero de 2016. 

Hans Burghardt enseña en Tushita los cursos «Aprender a meditar».

(1) Llevamos la atención a la postura.

<pausa para meditar>

(2) Dedicamos también unos instantes a conectar con el deseo de felicidad que motiva nuestras acciones. Un deseo de felicidad y bienestar hacia nosotros mismos que intentamos satisfacer de diferentes maneras y con acciones diversas. Y lo hacemos observando y tratando de reconocerlo, pero no de manera intelectual o racional.

<pausa para meditar>

Un deseo que también expresamos en relación con los otros, pero no de manera incondicional, no de manera constante. Un afecto, un deseo de bienestar, que también sentimos por personas específicas, en momentos determinados, y que sentimos de manera más o menos condicionada.

Reconocemos este afecto por nosotros y los demás y reposamos la atención en este afecto, una mente cálida y confortable que nos hace sentir bien. Si nos resulta difícil reconocerlo o mantenerlo vivo, podemos usar la palabra, verbalizando expresiones como «merezco ser feliz" o "quiero ser feliz", o imaginándonos en situaciones que hemos vivido, en las que hemos experimentado esta satisfacción y bienestar. También podemos imaginarnos en situaciones futuras experimentando este mismo bienestar y satisfacción. Cuando conseguimos conectar con este afecto, reposamos allí la atención.

Si nos ayuda a concentrarnos, podemos utilizar como ancla la respiración, observándola y dejando que este afecto la impregne, como si el respirar lo alimentara y sostuviera. También podemos hacernos conscientes de cómo el acto de respirar sostiene nuestra vida. Aunque sea involuntario, este acto de respirar lo podemos entender como una expresión de ese afecto hacia nosotros mismos.

Hacemos todo ello sin intelectualizar o conceptualizar, intentando reconocer y mantener la atención en ese afecto, utilizando como ancla, si nos ayuda, la respiración asociada a ese afecto. Si nos ayuda, incluso podemos imaginar que al inspirar recibimos afecto y lo incrementamos y que al expirar lo hacemos salir, haciéndolo brillar y compartiéndolo con otros. Podemos hacer todo lo que nos ayude a conectar con este afecto. Cuando conectamos, ponemos la atención principalmente en este afecto, soltando cualquier reflexión, pensamiento, etc.

<pausa para meditar>

No estamos buscando conectar con un sentimiento romántico, ñoño o cursi, estamos hablando de algo más básico, que impregna nuestras acciones, y del que no siempre somos conscientes: un profundo deseo de felicidad, de bienestar y satisfacción, que podemos dirigir hacia nosotros y también hacia los demás. Es un estado mental que de forma natural nos hace sentir satisfechos y llenos; una satisfacción y plenitud que no se basa en nuestras habilidades, en nuestros conocimientos, en nuestra apariencia, en lo que dicen los demás ... sino que está libre de todo esto y también del apego hacia nosotros mismos, apego que se manifiesta como un sentimiento de separación, de superioridad, etc.

Este afecto es mucho más básico, aunque a menudo aparece mezclado con todos estos sentimientos de separación, apegos o incluso aversión, por ejemplo cuando nos sentimos culpables o nos juzgamos con una actitud dura. Es un afecto básico, primordial: «deseo ser feliz, deseo estar bien, merezco ser feliz, merezco estar bien».

<pausa para meditar>

(3) De nuevo, podemos usar la imaginación, imaginando que todas las cosas que deseamos, tangibles o intangibles, se hacen realidad. Nos permitimos obtener todas aquellas cosas que consideramos positivas para nosotros, en concreto o en abstracto. Nos deseamos felicidad y imaginamos que la conseguimos, que a partir de ahora siempre somos felices, que estamos bien, satisfechos y contentos, pase lo que pase.

¿Cómo nos hace sentir este pensamiento?

(4) Nos damos permiso para que sea lo que sea lo que pase, lo que experimentamos, lo que vivamos o lo que poseamos, podamos ser felices, podamos estar satisfechos y contentos, pase lo que pase. Dejemos que cualquier afecto y sensación cálida que surja, se desarrolle, poniendo en ella la atención y viviéndola en toda su plenitud, sin condiciones: «que a partir de ahora pueda siempre ser feliz, pase lo que pase».

<pausa para meditar>

Nos damos permiso para que todo lo que nos impide experimentar esta satisfacción, esta mente cálida, este afecto, deje de bloquearlo, convencidos de que merecemos ser felices.

<pausa para meditar>

(5) Pero, ¿porqué condicionar esta calidez, este afecto, esta satisfacción, que nos hace sentir bien, dirigiéndola sólo hacia nosotros? ¿Porqué imponerle condiciones?

<pausa para meditar>

Observando una persona que amamos, por la que surgen con facilidad sentimientos de afecto, observamos cómo podemos extender espontáneamente, este afecto hacia esta persona, y como esto no sólo no disminuye este afecto sino que incluso lo puede incrementar. Al sentir afecto por la persona que tengo delante, no es el caso que dejamos de experimentar este sentimiento cálido y confortable, transferido a la persona que tenemos delante. Lo seguimos experimentando en primera persona, y tiene la misma calidad, no es distinto del sentimiento de afecto hacia uno mismo.

<pausa para meditar>

Podemos pensar en otra persona que amamos y extender e incluir en este afecto también esta persona.

Los que amamos, no siempre actúan pensando en nuestro beneficio, a veces se enfadan con nosotros y nos hacen daño. Podemos observar, como desde este afecto, lo podemos comprender y los podemos perdonar. Este afecto nos da el coraje y la fuerza incluso para perdonar, a los demás y a nosotros mismos.

<pausa para meditar>

Es un afecto que se puede extender, no sólo a personas que amamos, sino que también se puede extender a otras personas y a los animales. El mismo estado mental, con las mismas cualidades y la misma calidez. Y esto es así, porque es un estado que no depende tanto de los que tenemos delante, ya que este afecto irradia, emana, desde nuestro corazón. Somos nosotros los que lo condicionamos; si rompemos las condiciones lo podemos experimentar en relación con todos.

<pausa para meditar>

¿Cómo nos hace sentir amar de manera incondicional? ¿Y si nos diéramos permiso para, comenzando por nosotros mismos, experimentar y relacionarnos con la realidad siempre desde esta mente cálida, confortable, satisfecha y feliz, pase lo que pase?

<pausa para meditar>

Continuamos reposando la atención en este afecto. Podemos usar como ancla la respiración, manteniendo esta calidez confortable y ayudándonos de todo aquello que nos ayude a mantenerla viva.

<pausa para meditar>

(6) Podemos también imaginar que toda esta calidez, todo este afecto, todas las cualidades positivas que emanan de esta actitud, vienen en forma de luz blanca de todas las direcciones del espacio y se van absorbiendo gradualmente en nuestro corazón. Es una luz confortable, que brilla con intensidad y que llena de luz el cuerpo, haciendo que éste irradie luz en todas direcciones. Una luz cálida y confortable que elimina cualquier experiencia de sufrimiento o insatisfacción, incluso enfermedades, preocupaciones o miedos. Una calidez confortable que siempre está a nuestra disposición, pero que no siempre reconocemos. Si la reconocemos, generamos el deseo de que nos acompañe en todo momento.

<pausa para meditar>

(7) Podemos concluir la sesión deseando que lo que hemos hecho en esta sesión, las acciones que vamos a hacer, y las que hemos hecho en el pasado, sirvan para satisfacer este afecto por mí y por los demás; que pueda superar desde esta mente cariñosa, cálida y confortable, cualquier insatisfacción y malestar; y para que nuestros deseos de felicidad se hagan realidad, incluyendo nuestros deseos personales o particulares.